El pasado día 11 de mayo España se quedó inmóvil. No nos lo podíamos creer ninguno, pero así fue. La tierra tembló como si quisiese engullir al mundo, a una población entera. Era Lorca, y un terremoto hizo palidecer a todos sus habitantes al tiempo.
Los que vivimos cerca de Lorca nos enteramos porque se nos movió la oficina, la casa, el coche… el suelo. Todos nos miramos y nos acordamos inmediatamente de nuestros más allegados, de aquellos que no tenemos cerca. Los teléfonos echaban humo: o llamabas para preguntar por quien podía haber sido afectado, o te intentaban llamar para ver si estabas bien. Sigue leyendo