«Llevas mucho tiempo callado. ¿No tienes nada que decir?», me preguntan. No es que no tenga nada que decir, es que no tengo palabras. La consecuencia es la misma, pero la causa totalmente distinta.

Supongo que empezó con aquel famoso debate por el que se medirían nuestros candidatos a Presidente. En el que estaban todos los partidos -con opciones- representados por sus líderes. Todos, porque si la señora Santamaría decía que ellos eran todos uno (mosqueteros, debe ser), se entiende que a su partido también lo representaba su líder. Pero claro, si iba a ir su «líder», ¿por qué entonces no fue Rajoy? Ya no valdría eso de que sólo debatiría con el jefe de la oposición como se había hecho siempre, ¿o sí?

El debate, en sí, penoso. Ganó Rajoy (que no el PP) porque no estuvo. Sólo un par de intervenciones de Pablo Iglesias -que fue el más sensato, tranquilo y educado (eso va por usted, sr. Sánchez)- merecieron la pena. De los presentes, si alguien ganó fue, precisamente, el sr. Iglesias.

Del resto, el que más expectación había levantando sólo supo moverse y recordar que es catalán. Propuestas, ninguna. Bocetos de sus pretensiones. No transmitió, también perdió.

La líder se autoeliminó sin quererlo. No fue capaz ni de convencer poniendo cara de pena cuando tocaba el delicado tema del maltrato (por cierto, dura lacra y ninguna propuesta por parte de nadie para atajarlo), a pesar de tenerlo en bandeja. Era la que más experiencia debía demostrar.

El más alto, haciendo ruiditos, interrumpiendo como un niño en clase, pidiendo turno de palabra casi con un guiño de ojo y cuya única propuesta era el «novedoso» «váyase señor González Rajoy». Perdió, perdió votos y perdió confianza en su partido.

¿Eso era todo? O peor, ¿eso era lo mejor de nuestro país? ¿Y las propuestas? ¿Alguien pensó, por casualidad, que interesaban las propuestas y no quién está en la derecha o la izquierda (¡qué más da, si lo que interesa es lo que vas a hacer con mi vida!)? «Bajaremos los impuestos». Ya como siempre. Pero dime: ¿harás como Montoro que primero me los sube todos y luego baja alguno un poco? ¿O me bajarás aquellos que no afectan más que a grandes empresas? «Una educación igual para todos», ¿pero igual en qué? ¿Tendrá mi hija la obligación de aprender vasco, o le enseñarán que Colón era catalán? Porque al revés me parece a mi que…

El mejor resumen, los «memes» del debate.

Después hubo otro donde estaban todos los partidos con representación en el Congreso, más Ciudadanos, Podemos y DL (antigua CiU). En el canal nacional, al que obligaron a emitir dicho a una hora «prime», ya que lo habían programado a eso de las 23:30. En este debate copiaron a Rajoy: no acudió ningún líder (salvo el de UPYD e IU). Bueno, por el PP sí, ya que todos son uno. Este debate fue aún más infumable. Como propuestas, UPYD lo tenía más claro. Como representante preparado, Garzón.

El PNV lo hizo estupendamente bien. Hubiese sido el ganador si no fuera porque el señor Herzog lo pilló cuando le propuso que desistiesen del concierto económico que tan precario para el pueblo vasco lo había presentado el PNV, tras su particular versión claro. Contestó el norteño diciendo que no estaban dispuestos a perder sus derechos. O no es tan malo ese concierto económico como dice, o son muy malos ellos con sus votantes.

El último de los debates (el que emitió el diario El País no pude verlo) fue el cara a cara entre Rajoy y Sánchez. He de reconocer que a los 10 minutos me fui a Twitter a enterarme el debate a través de «memes”. Y menos mal, porque no sólo fue un «coñazo», sino que era indecente pensar que los españoles votaríamos a uno de ellos por antipatía al otro. Fue irritante, lamentable, sin propuestas, con estadísticas muy modificadas, con insultos…

Te quedas sin palabras. ¿Estas son, de verdad, nuestras opciones? No sabes cómo expresar lo que sientes. En ese momento lees un tweet que lo define a la perfección: «Lo peor de todo, va a ser la vergüencita que pasaremos como lleguen los extraterrestres y nos digan ‘Llevadnos ante vuestro líder’…» de @aykrmela. Magnífico, y en 140 caracteres.

Luego el puñetazo a Rajoy. ¡Y se creerá un héroe el pavo! Pues no, no es héroe ni villano, sólo tonto.

Y terminaron las elecciones y tuvimos resultados. Y todos sorprendidos. Y yo el que más: todos reconocían que habían sido malos resultados. Creo que es la primera vez que lo reconocen, salvo la honrosa excepción de Rosa Díez tras los comicios de mayo de 2015.

Y, un mes después, ninguno se pone de acuerdo para formar gobierno. ¿Entonces qué política tenemos? ¿No consiste en eso? ¿Nadie había previsto que pudiera darse? ¿No van a hacer «política»?

Para colmo, vuelve el tema de la independencia catalana. Aquellos que urgían a que los ciudadanos votasen y se manifiesten, parece ser que sólo era para cuando que ellos digan, y a lo que ellos digan, claro. Es decir, que con todo el morro te sueltan «Aquello que las urnas no nos dio directamente, se ha corregido a través de la negociación». ¡Toma democracia! Con ello evitan nuevas elecciones (manifestación del pueblo) que pudieran dar un resultado que no les guste; para hacer unas elecciones, ahora sí, con el fin de realizar un referéndum ilegal (¿volverán a corregir a la democracia?) y contabilizar el resultado como les de la gana.

Es decir, que aunque saquen un 10% a su favor, seguirán con que la voluntad unánime es separase de España. Y todo ello basado en un sentimiento con raíces en un porrón de mentiras y reinterpretaciones interesadas de la historia. Recomiendo, por lo ilustrado, ameno, rápido e imparcial la lectura de «Cataluña Hispana» (Barraycoa, Javier. Cataluña Hispana. Libroslibres, 2013).

Y nuestros políticos no nacionalistas ¿no se habrán estudiado bien el asunto e historia catalana para responder adecuadamente? ¿Y los catalanes no se conocerán su historia sin tintes de un lado u otro? ¿Y qué hacen nuestros políticos regionales y municipales cuando, «en todo lo alto» se proclama un derecho de Cataluña frente al «resto» por ser especiales frente al resto (donde estamos nosotros)?

No dicen nada. Nadie nos defiende. ¿Somos los demás realmente menos que los catalanes, vascos, navarros o gallegos?

No creo que seamos más, pero tampoco menos. Son tierras preciosas, pero no más que las Castillas, Extremadura, Murcia o La Rioja (entre otras). ¿Dónde está ese político al que votamos en Mayo para defendernos y demostrar que nosotros somos iguales? No queremos independencia, sino igualdad en todo, cuanto menos en el trato y en dignidad.

Lo que digo, que estoy sin palabras.

Publicado en eldiadigital.es


2 commentarios

frbreijo · 14 enero, 2016 a las 8:24

Creo que podríamos perder casi todo, pero ¡que nos quede la palabra siempre! (Como escribió Blas de Otero).

frbreijo · 14 enero, 2016 a las 8:25

Reblogueó esto en Dr. BREIJO MARQUEZy comentado:
Creo que podríamos perder casi todo, pero ¡que nos quede la palabra siempre! (Como escribió Blas de Otero).

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