Frío y sombrío, sobre la copa de las nubes, entre la espesa niebla propia de tales alturas. De la memoria de los hombres relegado, pero aún cierto. Con aquella entrada cercada desde antaño por puertas de interminable visión, hoy chirriantes por el desuso en su apertura, sólo
imaginada por los antiguos, alguien ha conseguido entrar sin despertar a los presentes del terrible castigo que es el sueño provocado por el olvido.
De aquella legendaria mesa de las fiestas y bacanales, tan alta como imponente, de uno de sus extremos, descuidado por quien tuvo por obligación su custodia, alguien ha conseguido recoger un poco del néctar y de la ambrosía. La más deseada de las leyendas, la más oscura de nuestras vanidades. Sigue leyendo
