La «Justicia» en España siempre ha sido lenta. Ha sido su principal característica desde que tengo conocimiento. Pero al final, en la mayoría de los casos, había justicia. O por lo menos el sistema ofrecía una serie de garantías con el que el justiciable se sintiera amparado, aún no teniendo una sentencia satisfactoria a sus intereses: tienes varios recursos, y si después de todos no te dan la razón, a lo mejor es que no la tienes.
Pero ocurre que, tras mil estadísticas, el Gobierno (da igual el actual que el anterior, o anterior, o anterior…) se da cuenta de que la gente piensa que la justicia es lenta. Y el hecho de ser lenta hace que de la sensación al ciudadano en que es inútil -con toda la razón- y eso no es bueno para las elecciones. Para ello se ponen a trabajar y, viendo que sus planteamientos, esfuerzos y decisiones -algún juez de refuerzo, unos edificios más grandes, la construcción de Palacios/Ciudades de Justicia impresionantes, unas carpetas nuevas, un nuevo sistema informático, cámaras para grabar los juicios, máquinas en los pasillos que te graban los juicios en un pendrive…- no aceleran la resolución de conflictos, deciden tomar nuevas decisiones. Sigue leyendo