Pues es una nueva moda psiquiátrica que se está normalizando para evitar que los jóvenes pudientes norteamericanos respondan criminalmente de sus delitos, ya sea haber violado a una niña de tres años o haber matado a cuatro personas.
Ciertamente resulta aberrante que un profesional de la psiquiatría pretenda hacernos creer que los pobres niños ricos a los que sus papás no han sido capaces de poner límites o prestar la atención suficiente, pueden matar impunemente porque bastante problema les causa esa ausencia de límites, que tanto sufrimiento han tenido por tenerlo todo que se ven abocados a tener que sufrir el deseo de cometer el crimen (pretenderán que así papá y mamá les quieran más, pobres chicos). El muerto al hoyo y el vivo al bollo, como dice el refrán. Sigue leyendo
